BORIS LARRAMENDI

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Pues como les iba diciendo, luego de 6 meses muy intensos en España, a finales de diciembre del año 1996,  Kelvis, Andy, Pepe, Medina y yo regresamos a la Habana. Nuestros familiares y amigos nos recibieron como héroes, y no era para menos, por todo lo que habíamos logrado en nuestra primera salida al exterior.  Me pasé los primeros días después del regreso flotando jubiloso, viviendo como dentro de un sueño realizado. Luego, poco a poco, el sueño se empezó a transformar en pesadilla.

Habíamos dejado el disco sin terminar. Su salida al mercado estaba prevista para la primavera del 97. O sea, que teníamos que estar de regreso en Madrid a más tardar en marzo o abril. Y ahí estaba el problema. La primera vez habíamos salido a través de un permiso del Ministerio de Cultura tramitado por la Asociación Hermanos Saíz, porque ninguno de nosotros estaba integrado como músico “profesional” en las empresas musicales del Estado. Esperábamos que esta segunda vez la Asociación nos volviera a tramitar ese permiso e ingenuamente pensábamos que no se demoraría tanto como en la ocasión anterior. Sí. Cómo no.

A las pocos días de estar en la Habana, sería enero o febrero del 97, me sorprendió una llamada telefónica de un cantautor de nuestra generación, (lamento mucho no recordar el nombre, pero era uno de los que luego integraron el proyecto denominado “La Rosa y la Espina”), para invitarnos a dar un concierto en la Casa de las Américas. Digo que me sorprendió, porque varios años antes, en el 91 o 92, luego de la disolución de la peña de 13 y 8, algunos de sus integrantes (Vanito, Raúl Ciro, Alejandro Frómeta, Mario Incháustegui y yo) preparamos un proyecto de concierto-performance titulado “Canción Propuesta”, que quería ser una reflexión acerca de nuestro alejamiento ético y estético del Movimiento de la Nueva Trova. La Casa de las Américas nos pareció el sitio más indicado para hacerlo por haber organizado en el año 1967 el Primer Encuentro de la Canción Protesta, germen de lo que luego sería la Nueva Trova. Así que cuando lo tuvimos todo listo nos pusimos en contacto con Alberto Faya, miembro del grupo Moncada que se dedicaba a organizar las actividades musicales allí. Le mostramos nuestra música y le explicamos la idea. Elogió mucho las canciones y dijo que ya nos llamaría. Nunca lo hizo, parece que entendió muy bien lo que queríamos decir con todo aquello. El movimiento que en un comienzo, a finales de los 60, se había llamado Canción Protesta, pronto asumió que en una sociedad “socialista” como la cubana no había ningún motivo para protestar y se transformó en Nueva Trova, dedicándose a cantar más o menos sinceramente las alabanzas del nuevo régimen. Habíamos incluso hecho un programa de mano para repartir al público con fragmentos de una entrevista realizada a principios de los 70 a Silvio, Pablo y no recuerdo si a Noel o a Vicente,  en donde textualmente afirmaban que la Canción Protesta era algo que en las sociedades capitalistas tenía su razón de ser, pero que en Cuba, “en cambio, no tiene sentido”.
Ante la falta de respuesta de Faya, terminamos haciendo el recital- performance en el anfiteatro del Parque Almendares, que en esa época, antesala del Período Especial, estaba abandonado totalmente, lleno de suciedad y sin ningún tipo de sistema de sonido ni de luces. Lo bueno fue que por eso mismo, nos pudimos guillar y hacerlo sin tener que pedirle permiso a nadie. Recuerdo que Raúl Ciro se ocupó de adecentar el sitio, y consiguió unos faroles chinos para alumbrar el escenario cuando anocheciera. También hizo unos carteles imitando el famoso poster del primer encuentro de la Canción Protesta en Casa de las Américas del año 1967, con la rosa y la espina, pero renombrándolo como Canción Propuesta. Al final del performance – concierto, al que no sé si llegaron a ir entre 20 o 30 personas, Raúl tocó una versión que había escrito para la ocasión del himno de los derechos civiles norteamericano “We shall overcome”, es decir, “Venceremos”, sólo que en esta ocasión decía, en español, “Pudimos vencer” . Cuando terminó, y como si le hubiera dado un rapto de locura, estrelló su guitarra contra el escenario y apagamos todos los faroles chinos. A la salida le entregamos a todos los asistentes un sellito conmemorativo con la imagen de una guitarra estrellándose contra el suelo. Creo recordar que el mensaje era que cada época tiene su propio tipo de rebeldía y esta siempre está sujeta a la mitificación, oficialización y mercantilización. Pues bien, aquello lo hicimos en el 91 o 92 , como modo de tomar distancia de lo que era la Nueva Trova. Que por supuesto, no se dio por enterada.

Y fue por eso, que,  volviendo al 97, recién llegados de España, cuando recibí la llamada de la Casa de las Américas para actuar allí, ya no me hizo mucha ilusión. Estaba loco por virar para Madrid, pero eventualmente hicimos el concierto. “Habana Oculta en la Habana”, creo que se llamó. Y llenamos la sala grande por primera vez.  Fuimos Andy, Medina, Kelvis y yo. Pepe del Valle no quiso ir a tocar. No sé por qué. La verdad es que no nos pagaron nada tampoco. Y no sé si cobraron la puerta, no recuerdo. Tocamos sólo a guitarra, haciéndonos coros, exactamente el mismo show que habíamos perfeccionado los 6 meses anteriores en España. Y exactamente como en España, en la Habana a la gente le encantó. Supongo que como casi siempre, la guitarra nos la prestaría el maestro Gerardo Alfonso, porque aún ninguno de nosotros tenía una guitarra electroacústica decente.
A la hora de irnos, recuerdo que tuve una discusión muy acalorada con el CVP del parqueo, porque  habíamos dejado la bicicletas allí y no estábamos autorizados para hacerlo, o algo por el estilo. Todo eso después de haber llenado la sala grande de la Casa de las Américas. Qué nivel.
Muchos años después, alguien que no recuerdo ya quién fue, me envió un montón de fotos de aquel concierto. Por la calidad, parecen ser extractos de un video, así que quizá haya una filmación con sonido por ahí dando vueltas. Sería interesante verla.

 

Luego del concierto nos fuimos a descargar a casa de alguien, tampoco recuerdo ya quién. Y tuvimos la compañía, entre otros, de Fernando Rojas, a la sazón presidente nacional de la Asociación Hermanos Saíz, o sea, el responsable de que nuestros permisos de salida se tramitaran en tiempo y forma. Allí, entre guitarrazos, alcoholes y varias clases de humos, nos prometió que todo aquel papeleo iba a ser muy rápido, que fuéramos a verlo a su oficina la siguiente semana, que además quería ayudar a difundir nuestra música por todo el territorio nacional, que nuestro talento lo merecía y bla bla bla. En honor a la verdad, parecía sincero, y cuando le pasamos algo de aquello, muy cortésmente lo rechazó, pero sin aspavientos de ningún tipo. Así que pensamos, bueno, no hay que preocuparse, todo está resuelto.

Al día siguiente empezó nuestro calvario. No recuerdo cuántas veces fui temprano en la mañana, durante aquellos meses, en bicicleta,  a la sede de la Asociación, Editorial Abril, que quedaba enfrente al Capitolio (yo estaba viviendo por Marianao, calculen la tirada) para intentar ver a Fernando Rojas, y preguntarle que volá con nuestros permisos de salida. Nunca estaba. O nunca me podía recibir.*

Otra cosa que nos ponía nerviosos era que el dinero que habíamos traído del adelanto editorial por nuestras canciones se nos estaba acabando. No tengo que recordarles que por tocar en Cuba no podíamos cobrar. Y el adelanto de royalties por las futuras ventas del disco (sí, en esa época aún se daban ese tipo de cosas) no nos acababa de llegar de España. Con ese dinero era con el que íbamos a pagar nuestro pasaje de regreso allá, pues como volver a Cuba antes de terminar el disco había sido decisión nuestra, el regreso a Madrid era problema también sólo nuestro. Imagínense el nivel de stress y ansiedad que, por lo menos a mí, me empezó a atacar. Sin permiso ni dinero para salir de Cuba y con todo nuestro futuro en juego a un océano de distancia. Para colmo, mi banda, “Debajo”, ante mis declaradas intenciones de regresar a España sin ellos, y las escasas posibilidades que tenía de poder halarlos luego para allá, como era mi intención, terminó desintegrándose. En fin, que muy malito todo

Y un día, al cabo de 3 o 4 meses, por fin me recibió Fernando Rojas. Con un semblante y actitud muy serias, un tanto bruscas, me informó que no nos podía tramitar los permisos de salida, porque nosotros habíamos firmado contrato con una empresa extranjera en el exterior, y por tanto ya no podíamos ser catalogados como “aficionados”. Nuestros permisos los tenía que tramitar ahora una empresa musical estatal, para lo cual debíamos buscar alguna que quisiera hacernos una audición y si teníamos la suficiente calidad, contratarnos en su plantilla. Así cuando viajáramos de nuevo, el estado cubano podría cobrar su parte correspondiente de nuestro negocio. No sé si él en algún momento tuvo intención de ayudarnos de verdad y las instancias superiores lo plancharon, o si todo fue una maniobra para jodernos el bisne con aquella demora de tantos meses, pero la verdad es que se nos vino el mundo abajo. A esa hora, tuvimos que salir corriendo a buscar una empresa musical.

Yo, a principios del 96, antes del primer viaje a España, había hecho una audición con mi grupo “Debajo” para la Agrupación Nacional de Conciertos, que dirigía un señor de apellido Chorens. Me aprobaron, pero cuando fui a firmar el contrato, Chorens, al enterarse de que tenía un viaje cuadrado para España, sólo se sonrió y me dijo que ya hablaríamos a mi regreso. Creo que pensó que me iba a quedar definitivamente allá, como hacía tanta gente en esa época, pero regresé. Claro que como me habían admitido con “Debajo”, aquello ya no valía.

No recuerdo cómo lo cuadramos ni para qué empresa por fin hicimos la nueva  audición  Andy, Pepe, Medina, Kelvis y yo en aquella primavera del 97. Sólo recuerdo que los señores que nos la hicieron , que no sabían quiénes éramos, en cuanto les hicimos parte de nuestro show,  que traíamos afilado de España, enseguida nos firmaron contrato. No sé si fue la Empresa Benny Moré o la Agrupación Nacional de Conciertos, he borrado el dato. Lo importante es que ya podíamos tramitar los permisos, eso sí, con varios meses de demora cortesía de Fernando Rojas. Que quién sabe, repito, a lo mejor quiso ayudarnos y fue desautorizado por alguien más arriba.

Y un día, por fin, el dinero del adelanto de royalties llegó. Yo aproveché para grabar un demo acompañado por “Estado de Ánimo” (Robertico Carcassés en el piano y la percusión, Descemer Bueno en el bajo, Elmer Ferrer en la guitarra, Leonardo Ángel en la batería y Tania González en los coros). Pagué por la izquierda creo que 6 horas o así, en  unos estudios que estaban por Prado, y grabamos 4 canciones, que no eran precisamente de amor, con una mezcla brutal de jazz, timba, funk, conga y hard rock. Cuando me tocó cantar el tiempo casi se había agotado, así que entré a la cabina, berreé todas las letras en primera toma y ya está. Iluso de mí, pensaba que una vez de regreso en España, podría convencer a alguna discográfica para que me grabara un disco con aquel material. Jajajaja. Escuchándolo ahora, 20 años después, todavía me parece radical y totalmente anticomercial. Y mi voz no quedó muy agradable de oír, por todo el apuro y la presión del momento. Pero bueno, éramos jóvenes. Si ése no es el momento adecuado de la vida para hacer locuras, díganme cuál es.

Con el resto del dinero compré mi pasaje de ida para España, igual que hicieron los demás, y una mañana de junio del año 97 cogí una guagua que nos llevó hasta el aeropuerto de Varadero, desde donde despegaríamos hacia Madrid. Pensábamos que allá estaban demorando el lanzamiento del CD hasta que estuviéramos todos presentes, porque como les conté en una entrada anterior, nos habían enviado unos caseticos con el disco ya terminado, o sea que supuestamente sólo faltaba sacarlo al mercado. Y volando y en mi vuele me despedí de Cuba y enfilé para España, donde  nos esperaban Vanito, Alejandro, Pável, Gema, Armando, BMG y el éxito. Ja.

*Mi amigo Javier Iglesias se leyó esta entrada e inmediatamente me llamó para corregirme un dato. Lo que estaba frente al Capitolio era la sede de la Editorial Abril. En esa época, Fernando Rojas no sólo presidía la Asociación Hermanos Saíz, sino también la antedicha editorial. Y a su oficina allí era adonde se le podía ver ( o no ). Muchas gracias mi amigo Javier por la corrección.

Fuente: http://www.borislarramendi.com/

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